Los árabes tendrían hoy 80% del territorio de Palestina, si su obstinada resistencia a la presencia judía no los hubiera inducido a rechazar una y otra vez, a lo largo de casi un siglo, fórmulas para convivir en paz en una zona en la que ambos actores tienen un natural derecho histórico. Se embarcaron, en cambio, en cuatro guerras que perdieron y en una hostilidad que persiste, lo que condujo a represalias israelíes muchas veces desbordadas. El resultado fue caer en posiciones irreconciliables. La brecha se amplía, en vez de cerrarse, con el previsto reconocimiento parcial de un Estado palestino por las Naciones Unidas, porque profundiza la intransigencia que separa a las dos comunidades. La debilitada causa árabe insiste en la devolución de territorios conquistados por Israel, lo que es rechazado de plano por el gobierno de Benjamín Netanyahu.El conflicto viene desde la primera guerra mundial, con Palestina bajo mandato de Gran Bretaña. El movimiento sionista liderado, entre otros, por Vladimir Jabotinsky, fundador de la organización armada Haganah que fuera antecesor del Ejército israelí, presentó a la conferencia de paz de París en 1919 un plan de partición que los árabes rechazaron pese a que les otorgaba la mayor parte de Palestina. En 1937 la Comisión Peel propuso un territorio aun menor para los judíos, de apenas 20% de la zona. Los dirigentes judíos lo aceptaron a regañadientes pero los árabes volvieron a rechazarla, como hicieron cuando la ONU aprobó la creación de Israel en 1947, dándole a cada bando 50% del territorio. Se lanzaron, en cambio, a guerras que terminaron en derrotas. Israel ocupó la totalidad de Jerusalén, el Sinaí egipcio y Gaza, que más tarde devolvió, y los estratégicos altos de Golan en Siria, al tiempo que ampliaba en forma constante su presencia en Cisjordania con asentamientos de colonos. La expansión israelí, basada en su superioridad militar, fue facilitada por las divisiones entre los propios palestinos, Gaza fue copada por el movimiento extremista Hamas y la Autoridad Palestina, presidida por Mahmoud Abbas, quedó limitada a las áreas de Cisjordania no ocupadas por Israel. Al reclamar ahora a la ONU reconocimiento de un Estado palestino como miembro pleno del organismo, Abbas pidió volver a las fronteras de 1967, cuando Israel ganó territorios en la guerra de los seis días. Netanyahu, aunque acepta negociar la creación del Estado palestino, rechaza de plano esta exigencia. Una vasta mayoría de los miembros de la ONU apoyan a Abbas, aislando cada vez más a Israel de la comunidad internacional. Pero le queda el vital respaldo tradicional de Estados Unidos, que frena la solicitud palestina al haber adelantado que la vetará en el Consejo de Seguridad. El resultado del veto será el ingreso del Estado palestino a la ONU solo como miembro asociado, un escalón por debajo de la de miembro pleno a la que aspira. En este escenario, la confrontación persistirá a menos que Israel flexibilice su rígida posición, lo que no parece probable, o que los palestinos reconozcan que no tienen otra salida que aceptar un territorio más reducido y sin el sector oriental de Jerusalén como precio de las derrotas militares árabes y de su centenario antagonismo al restablecimiento de una nación judía que existió hace 3.000 años.
Brecha ampliada en palestina
27/Sep/2011
Editorial, observa.com.uy